sábado, 22 de noviembre de 2014

Fragmento FUENTEOVEJUNA




ACTO TERCERO
                   
                                                          Sale LAURENCIA, desmelenada
LAURENCIA: Dejadme entrar, que bien puedo,en consejo de los hombres que bien puede una mujer,si no a dar voto, a dar voces ¿Conocéisme?
ESTEBAN: ¡Santo cielo! ¿No es mi hija?
JUAN ROJO: ¿No conoces a Laurencia?
LAURENCIA: Vengo tal, que mi diferencia os pone en contingencia quién soy.
ESTEBAN: ¡Hija mía!
LAURENCIA:   No me nombres tu hija.
ESTEBAN:¿Por qué, mis ojos? ¿Por qué?
LAURENCIA: Por muchas razones, y sean las principales: porque dejas que me roben tiranos sin que me vengues, traidores sin que me cobres.
Aún no era yo de Frondoso, para que digas que tome, como marido, venganza; que aquí por tu cuenta corre; que en tanto que de las bodas no haya llegado la noche, del padre, y no del marido,                              la obligación presupone; que en tanto que no me entregan una joya, aunque la compren, no ha de correr por mi cuenta las guardas ni los ladrones.
Llevóme de vuestros ojos a su casa Fernán Gómez; la oveja al lobo dejáis como cobardes pastores. ¿Qué dagas no vi en mi pecho? ¿Qué desatinos enormes, qué palabras, qué amenazas, y qué delitos atroces, por rendir mi castidad a sus apetitos torpes? Mis cabellos ¿no lo dicen? ¿No se ven aquí los golpes de la sangre y las señales?               ¿Vosotros sois hombres nobles? ¿Vosotros padres y deudos? ¿Vosotros, que no se os rompen las entrañas de dolor, de verme en tantos dolores?
Ovejas sois, bien lo dice de Fuenteovejuna el hombre. Dadme unas armas a mí pues sois piedras, pues sois tigres... --Tigres no, porque feroces siguen quien roba sus hijos, matando los cazadores antes que entren por el mar y pos sus ondas se arrojen. Liebres cobardes nacistes; bárbaros sois, no españoles. Gallinas, ¡vuestras mujeres sufrís que otros hombres gocen! Poneos ruecas en la cinta. ¿Para qué os ceñís estoques? ¡Vive Dios, que he de trazar que solas mujeres cobren la honra de estos tiranos,la sangre de estos traidores, y que os han de tirar piedras, hilanderas, maricones,amujerados, cobardes,y que mañana os adornen nuestras tocas y basquiña solimanes y colores!
A Frondoso quiere ya, sin sentencia, sin pregones, colgar el comendador del almena de una torre;de todos hará lo mismo;y yo me huelgo, medio-hombres,por que quede sin mujeres esta villa honrada, y torne  aquel siglo de amazonas,eterno espanto del orbe.
ESTEBAN: Yo, hija, no soy de aquellos que permiten que los nombres con esos títulos viles.Iré solo, si se ponen  todo el mundo contra mí.
JUAN ROJO: Y yo, por más que me asombre la grandeza del contrario.
REGIDOR:  ¡Muramos todos!
BARRILDO: Descoge un lienzo al viento en un palo,y mueran estos enormes.
JUAN ROJO ¿Qué orden pensáis tener?
MENGO:  Ir a matarle sin orden.Juntad el pueblo a una voz;que todos están conformes en que los tiranos mueran.
ESTEBAN:   Tomad espadas, lanzones,ballestas, chuzos y palos.
MENGO: ¡Los reyes nuestros señores vivan!
TODOS: ¡Vivan muchos años!
MENGO: ¡Mueran tiranos traidores!
TODOS:¡Tiranos traidores, mueran!
                                Vanse todos
LAURENCIA: Caminad, que el cielo os oye.¡Ah, mujeres de la villa!¡Acudid, por que se cobre vuestro honor, acudid, todas!...
    
COMENDADOR: ¿Ruido?
FLORES: Y de manera que interrumpen tu justicia, señor.
ORTUÑO: Las puertas rompen.
                                   Ruido
COMENDADOR: ¡La puerta de mi casa, y siendo casa de la encomienda!
FLORES:El pueblo junto viene.
                                   Dentro
JUAN ROJO: ¡Rompe, derriba, hunde, quema, abrasa!
ORTUNO:  Un popular motín mal se detiene.
COMENDADOR: ¿El pueblo contra mí?
FLORES: La furia: pasa tan adelante, que las puertas tiene echadas por la tierra.
COMENDADOR: Desatadle. Templa, Frondoso, ese villano alcalde.
FRONDOSO: Yo voy, señor; que amor les ha movido.
                           Vase FRONDOSO.  Dentro
MENGO:¡Vivan Fernando e Isabel, y mueran los traidores!
FLORES: Señor, por Dios te pido que no te hallen aquí.
COMENDADOR: Se perseveran, este aposento es fuerte y defendido. Ellos se volverán.
FLORES: Cuando se alteran los pueblos agraviados, y resuelven, nunca sin sangre o sin venganza vuelven.
COMENDADOR: En esta puerta, así como rastrillo su furor con las armas defendamos.
                                   Dentro
FRONDOSO: ¡Viva Fuenteovejuna!
COMENDADOR: ¡Qué caudillo! Estoy porque a su furia acometamos.
FLORES: De la tuya, señor, me maravillo.
ESTEBAN: Ya el tirano y los cómplices miramos. ¡Fuenteovejuna, y los tiranos mueran!
                                Salen todos
COMENDADOR: Pueblo, esperad.
TODOS: Agravios nunca esperan.
COMENDADOR: Decídmelos a mí, que iré pagando a fe de caballero esos errores.
TODOS: ¡Fuenteovejuna!  ¡Viva el rey Fernando! ¡Mueran malos cristianos y traidores!
COMENDADOR ¿No me queréis oír?  Yo estoy hablando, yo soy vuestro señor.
TODOS: Nuestros señores son los reyes católicos.
COMENDADOR: Espera.
TODOS:¡Fuenteovejuna, y Fernán Gómez muera!
                     Vanse y salen las mujeres armadas
LAURENCIA: Parad en este puesto de esperanzas, soldados atrevidos, no mujeres.
PASCUALA: ¿Los que mujeres son en las venganzas, en él beban su sangre, es bien que esperes?
JACINTA: Su cuerpo recojamos en las lanzas.
PASCUALA: Todas son de esos mismos pareceres.
                                   Dentro
ESTEBAN: ¡Muere, traidor comendador!
                                   Dentro
COMENDADOR: Ya muero.¡Piedad, Señor, que en tu clemencia espero!...
                                               
JUEZ: Decid la verdad, buen viejo.
FRONDOSO: Un viejo, Laurencia mía, atormentan.
LAURENCIA: ¡Qué porfía!
ESTEBAN: Déjenme un poco.
JUEZ: Ya os dejo. Decid: ¿quién mató a Fernando?
ESTEBAN:  Fuenteovejuna lo hizo.
LAURENCIA: Tu nombre, padre, eternizo [a todos vas animando].
FRONDOSO: ¡Bravo caso!
JUEZ: Ese muchacho aprieta.  Perro, yo sé que lo sabes.  Di quién fue. ¿Callas?  Aprieta, borracho.
NIÑO: Fuenteovejuna, señor.
JUEZ: ¡Por vida del rey, villanos, que os ahorque con mis manos!¿Quién mató al comendador?
FRONDOSO: ¡Que a un niño le den tormento y niegue de aquesta suerte!
LAURENCIA:¡Bravo pueblo!
FRONDOSO: Bravo y fuerte.
JUEZ: Esa mujer al momento en ese potro tened.Dale esa mancuerda luego.
LAURENCIA: Ya está de cólera ciego.
JUEZ: Que os he de matar, creed, en este potro, villanos. ¿Quién mató al comendador?
PASCUALA  Fuenteovejuna, señor.
JUEZ: ¡Dale!
FRONDOSO: Pensamientos vanos.
LAURENCIA: Pascuala niega, Frondoso.
FRONDOSO: Niegan niños.  ¿Qué te espanta?
JUEZ: Parece que los encantas. ¡Aprieta!
PASCUALA:¡Ay, cielo piadoso!
JUEZ: ¡Aprieta, infame!  ¿Estás sordo?
PASCUALA: Fuenteovejuna lo hizo.
JUEZ: Traedme aquel más rollizo, ese desnudo, ese gordo.
LAURENCIA: ¡Pobre Mengo!  Él es, sin duda.
FRONDOSO: Temo que ha de confesar.
MENGO: ¡Ay, ay!
JUEZ: Comenza a apretar.
MENGO: ¡Ay!
JUEZ: ¿Es menester ayuda?
MENGO:¡Ay, ay!
JUEZ: ¿Quién mató, villano, al señor comendador?
MENGO: ¡Ay, yo lo diré, señor!
JUEZ: Afloja un poco la mano.
FRONDOSO: El confiesa.
JUEZ: Al palo aplica la espalda.
MENGO: Quedo; que yo lo diré.
JUEZ: ¿Quién lo mató?
MENGO: Señor, ¡Fuenteovejuna!
JUEZ: ¿Hay tan gran bellaquería? Del dolor se están burlando. En quien estaba esperando, niego con mayor porfía. Dejadlos; que estoy cansado…

REY: Sed juez de estos agresores.
MAESTRE: Si a vos, señor, no mirara, sin duda les enseñara a matar comendadores.
REY: Eso ya no os toca a vos.
ISABEL: Yo confieso que he de ver el cargo en vuestro poder si me lo concede Dios.
                                Sale el JUEZ
JUEZ: A Fuenteovejuna fui de la suerte que has mandado y con especial cuidado y diligencia asistí. Haciendo averiguación del cometido delito, una hoja no se ha escrito que sea en comprobación; porque conformes a una, con un valeroso pecho,  en pidiendo quién lo ha hecho, responden: “Fuenteovejuna."Trescientos he atormentado con no pequeño rigor, y te prometo, señor, que más que esto no he sacado Hasta niños de diez años al potro arrimé, y no ha sido  posible haberlo inquirido ni por halagos ni engaños. Y pues tan mal se acomoda el poderlo averiguar, o los has de perdonar  o matar la villa toda. Todos vienen ante ti para más certificarte; de ellos podrás informate.


miércoles, 19 de noviembre de 2014

Poema Flor de Pérez Bonalde

FLOR

I
Flor se llamaba, flor era ella,
Flor de los valles en una palma,
Flor de los cielos en una estrella,
Flor de mi vida, flor de mi alma.
Era más suave que blanda arena,
Era más pura que albor de luna,
Y más amante que una paloma,
y más querida que la fortuna.
Eran sus ojos luz de mi idea,
su frente lecho de mis amores,
sus besos eran dulzura hiblea,
y sus abrazos collar de flores.
Era al dormirse tarde serena,
al despertarse rayo del alba,
cuando lloraba limbo de pena,
cuando reía cielo que salva.
La de los héroes ansiada palma,
de los que sufren el bien no visto,
la gloria misma que sueña el alma
de los que esperan en Jesucristo;
Era a mis ojos condena odiosa
si comparada con la alegría,
de ser el vaso de aquella rosa,
de ser el padre de la hija mía.
Cuando en la tarde tornaba al nido
de mis amores, cansado y triste,
con el inquieto cerebro herido
por esta duda de cuanto existe;
Su madre tierna me recibía
con ella en brazos –yo la besaba…
y entonces … todo lo comprendía
y al Dios sentido todo lo fiaba!...
¿Qué el mal existe? --- ¡Delirio craso!
¿Qué hay hechos ruines? --- ¡Error profundo!
¿No estaba en ella mirando acaso
la ley suprema que rige al mundo?
¡Ah! cómo ciega la dicha al hombre,
cómo se olvida que es rey el duelo,
que hay desventuras sin fin ni nombre
que hacen los puños alzar al cielo.
¡Señor! ¿existes? ¿Es cierto que eres
consuelo y premio de los que gimen,
que en tu justicia tan sólo hieres
al seno impuro y al torvo crimen?.
Responde, entonces: ¿por qué la heriste?
¿cuál fue la mancha de su inocencia,
cuál fue la culpa de su alma triste?
¡Señor, respóndeme en la conciencia!
Alta la lleva siempre y abierta,
que en ella nada negro se esconde;
la mano firme llevo a su puerta,
inquiero … y nada, nada responde.
Sólo del alma sale un gemido
de angustia y rabia, y el pecho, en tanto
por mano oculta de muerte herido
se baña en sangre, se ahoga en llanto.
Y en torno sigue la impía calma
de este misterio que llaman vida,
y en tierra yace la flor de mi alma,
y al lado suyo mi fe vencida.

II

¡Allí está! Blanca, blanca
como la nieve virgen que el potente
viento del Norte de la cumbre arranca;
como el lirio que troncha mano impía
orillas de la fuete
que en reflejar su albura se engreía.
¡Allí está! … La suave
primavera pasó; pasó el verano
y la estación poética en que el ave
y las hojas se van; retornó el cano,
pálido invierno con su alegre arreo
de fiesta y de niños, y aún la veo
y la veré por siempre …¡Allí está!... fría
entre rosas tendida, como ella
blancas y puras y en botón cortadas
al despertar el día.
¡Ay! En la hora aquella,
¿dónde estaban las hadas
protectoras del niño?,
que no vinieron con la clara estrella
de su vara de armiño
a tocar en la frente a la hija mía,
a devolver la luz a aquellos ojos,
y a arrancar de mi pecho los abrojos
de esta inmensa agonía,
de este dolor eterno, de esta angustia
infinita, fatal, inmensurable,
de este mal implacable
que deja el alma mustia
para siempre jamás – que nada alcanza
a mitigar en este mundo incierto.
¡Nada! Ni la esperanza
ni la fe del creyente
en la ribera nueva,
en el divino puerto
donde la barca que las almas lleva
habrá de anclar un día;
ni el bálsamo clemente
de la grave, inmortal filosofía;
ni tú misma divina Poesía
que esta arpa de las lágrimas me entregas
para entonar el salmo de mi duelo…
Tú misma, no, no llegas
A calmar mi dolor…
¡Ábrase el cielo!
¡desgájese la gloria en rayos de oro
sobre mi frente … y desdeñosa, altiva
de su mal sin consuelo
al celestial tesoro
el alma mía cerrará su puerta:
que ni aquí, ni allá arriba
en la región abierta
de la infinita bóveda estrellada,
nada hay más grande, nada!
Más grande que el amor de mi hija viva,
Más grande que el dolor de mi hija muerta!


miércoles, 5 de noviembre de 2014

Paginas de la historia de Colombia y Venezuela




Nacido un año después que Venezuela dio su grito de independencia, criado en medio de los furores de la guerra a muerte y al ruido de sus combates y victorias, crecido entre las tempestades civiles que precedieron a su organización definitiva y a su breve edad de oro, pertenezco a todas sus épocas por algún punto, conozco sus hombres y las pasiones o intereses que los movieron, los acontecimientos, su enlace y causas; y voy a escribir sobre ellos.
La época es oportuna. Están para desaparecer los últimos actores del variado drama de nuestra independencia. Con la pluma en la mano hay quienes les sirvan, transcribiendo oficiosamente al papel con sus propias palabras, el concepto en que quieren vivir en la posteridad. Jueces, no cómplices, nosotros recogeremos también de sus labios, aun cuando mientan, el espíritu de su tiempo, la índole de su patriotismo, el secreto de sus sentimientos e ideas, forzándoles a dar testimonio de su ambición y crímenes, mientras hablan de sus sacrificios y virtudes. Esos hechos desconocidos, esas revelaciones que, después de años y tras un triunfo inesperado, viene a contradecir las tradiciones populares y la verdad auténtica, sólo sirven para señalar al historiador la herida que procuran ocultar.

Al describir los varios destinos de Venezuela, no es nuestro ánimo añadir una historia más a las que se han acuñado al servicio de los partidos, alterando los hechos por pasión o circunspección política y falsificando el color general de los sucesos y costumbres. Esperamos más bien que nuestro respeto a la posteridad para quien se escribe la historia y el amor a la justicia, nos libren de toda debilidad, aun en favor de los que han muerto con las armas en la mano por la causa que seguimos. Engañar, suponiendo, ocultando o mintiendo, nos ha parecido siempre indigno de un escritor. ¡Cuánto más de quien aspira a dar lecciones al mundo de independencia e imparcialidad! Por todas partes oímos a Cicerón que nos dice: ut ne quid falsi dicere audeat, ne quid veri non audeat.

Pero esta justicia, esta imparcialidad que debemos a todas las opiniones y partidos, es la benevolencia general del hombre que conoce al hombre, una equidad discreta y reflexiva, no la indiferencia entre la virtud y el vicio, ni el sacrificio de los principios, ni menos el silencio de nuestras ideas y opiniones. No seremos alternativamente del partido de César o de Pompeyo, y es harto cierto que esta propensión de nuestro espíritu, fija e invariable, se representará pro defectos en nuestros escritos. Cuando la historia convencional de una época legue a otra manchada con la calumnia, la fama pura de un guerrero, que murió en defensa de su país, o de un ministro que expiró consumido por la ansiedad devoradora de la política, nosotros nos proponemos, por el estudio exacto de su carácter y de sus hechos, vindicar la memoria de sus hombres proscritos y consagrar al respeto público su sangre y sus vigilias. Está bien que la envidia los haya perseguido vivos; la historia está ahí para honrar sus nombres. Los tiranos y los detractores tienen, para consolarse de la verdad póstuma, los homenajes en vida de sus esbirros o las recompensas de sus amos: son las víctimas las que necesitan del tributo tardío de la justicia, la humana decimos, hija de la verdad y emanación del cielo.

Ardua, empero, y difícil es la empresa. Escribir bien es por sí solo una tarea llena de dificultades. ¿Qué será acomodar el estilo a las diferentes épocas y caracteres, y animar lo que ha pasado y muerto, sin disfrazar ni alterar los nombres, los sucesos ni las pasiones? ¡Cuánto trabajo, estudio, constancia, meditación para alcanzar un estilo varonil y grave, el arte de narrar con fuerza, interés y gracia, bajo el influjo de una idea abstracta, poderosa y de un pensamiento generador y severo¡ Los acontecimientos guardados están en los archivos públicos o en la memoria de los hombres; allí los guerreros con su ambición, los pueblos con su complicidad, los sacerdotes con su entusiasmo, los tiranos con sus víctimas, las víctimas con su paciencia. Es por la reflexión que se reviven esos tiempos, y esos hombres; y es el talento quien puede hallar únicamente su fisonomía y la imaginación quien únicamente puede pintarla.

Peña Hurtado, R. (1994). Lengua y literatura. Caracas: Distribuidora Escolar.


Ut ne quid falsi, dicere audeat, ne quid veri non audeat - La verdad siempre es falsa, no existe la verdad absoluta (La verdad siempre es manipulable