domingo, 1 de julio de 2012


La gallina degollada[Cuento. Texto completo]Horacio Quiroga
Todo el día, sentados en el patio, en un banco estaban los cuatro hijos idiotas del matrimonio Mazzini-Ferraz. Tenían la lengua entre los labios, los ojos estúpidos, y volvían la cabeza con la boca abierta.
El patio era de tierra, cerrado al oeste por un cerco de ladrillos. El banco quedaba paralelo a él, a cinco metros, y allí se mantenían inmóviles, fijos los ojos en los ladrillos. Como el sol se ocultaba tras el cerco, al declinar los idiotas tenían fiesta. La luz enceguecedora llamaba su atención al principio, poco a poco sus ojos se animaban; se reían al fin estrepitosamente, congestionados por la misma hilaridad ansiosa, mirando el sol con alegría bestial, como si fuera comida.
Otra veces, alineados en el banco, zumbaban horas enteras, imitando al tranvía eléctrico. Los ruidos fuertes sacudían asimismo su inercia, y corrían entonces, mordiéndose la lengua y mugiendo, alrededor del patio. Pero casi siempre estaban apagados en un sombrío letargo de idiotismo, y pasaban todo el día sentados en su banco, con las piernas colgantes y quietas, empapando de glutinosa saliva el pantalón.
El mayor tenía doce años y el menor, ocho. En todo su aspecto sucio y desvalido se notaba la falta absoluta de un poco de cuidado maternal.
Esos cuatro idiotas, sin embargo, habían sido un día el encanto de sus padres. A los tres meses de casados, Mazzini y Berta orientaron su estrecho amor de marido y mujer, y mujer y marido, hacia un porvenir mucho más vital: un hijo. ¿Qué mayor dicha para dos enamorados que esa honrada consagración de su cariño, libertado ya del vil egoísmo de un mutuo amor sin fin ninguno y, lo que es peor para el amor mismo, sin esperanzas posibles de renovación?
Así lo sintieron Mazzini y Berta, y cuando el hijo llegó, a los catorce meses de matrimonio, creyeron cumplida su felicidad. La criatura creció bella y radiante, hasta que tuvo año y medio. Pero en el vigésimo mes sacudiéronlo una noche convulsiones terribles, y a la mañana siguiente no conocía más a sus padres. El médico lo examinó con esa atención profesional que está visiblemente buscando las causas del mal en las enfermedades de los padres.
Después de algunos días los miembros paralizados recobraron el movimiento; pero la inteligencia, el alma, aun el instinto, se habían ido del todo; había quedado profundamente idiota, baboso, colgante, muerto para siempre sobre las rodillas de su madre.
—¡Hijo, mi hijo querido! —sollozaba ésta, sobre aquella espantosa ruina de su primogénito.
El padre, desolado, acompañó al médico afuera.
—A usted se le puede decir: creo que es un caso perdido. Podrá mejorar, educarse en todo lo que le permita su idiotismo, pero no más allá.
—¡Sí!... ¡Sí! —asentía Mazzini—. Pero dígame: ¿Usted cree que es herencia, que...?
—En cuanto a la herencia paterna, ya le dije lo que creía cuando vi a su hijo. Respecto a la madre, hay allí un pulmón que no sopla bien. No veo nada más, pero hay un soplo un poco rudo. Hágala examinar detenidamente.
Con el alma destrozada de remordimiento, Mazzini redobló el amor a su hijo, el pequeño idiota que pagaba los excesos del abuelo. Tuvo asimismo que consolar, sostener sin tregua a Berta, herida en lo más profundo por aquel fracaso de su joven maternidad.
Como es natural, el matrimonio puso todo su amor en la esperanza de otro hijo. Nació éste, y su salud y limpidez de risa reencendieron el porvenir extinguido. Pero a los dieciocho meses las convulsiones del primogénito se repetían, y al día siguiente el segundo hijo amanecía idiota.
Esta vez los padres cayeron en honda desesperación. ¡Luego su sangre, su amor estaban malditos! ¡Su amor, sobre todo! Veintiocho años él, veintidós ella, y toda su apasionada ternura no alcanzaba a crear un átomo de vida normal. Ya no pedían más belleza e inteligencia como en el primogénito; ¡pero un hijo, un hijo como todos!
Del nuevo desastre brotaron nuevas llamaradas del dolorido amor, un loco anhelo de redimir de una vez para siempre la santidad de su ternura. Sobrevinieron mellizos, y punto por punto repitióse el proceso de los dos mayores.
Mas por encima de su inmensa amargura quedaba a Mazzini y Berta gran compasión por sus cuatro hijos. Hubo que arrancar del limbo de la más honda animalidad, no ya sus almas, sino el instinto mismo, abolido. No sabían deglutir, cambiar de sitio, ni aun sentarse. Aprendieron al fin a caminar, pero chocaban contra todo, por no darse cuenta de los obstáculos. Cuando los lavaban mugían hasta inyectarse de sangre el rostro. Animábanse sólo al comer, o cuando veían colores brillantes u oían truenos. Se reían entonces, echando afuera lengua y ríos de baba, radiantes de frenesí bestial. Tenían, en cambio, cierta facultad imitativa; pero no se pudo obtener nada más.
Con los mellizos pareció haber concluido la aterradora descendencia. Pero pasados tres años desearon de nuevo ardientemente otro hijo, confiando en que el largo tiempo transcurrido hubiera aplacado a la fatalidad.
No satisfacían sus esperanzas. Y en ese ardiente anhelo que se exasperaba en razón de su infructuosidad, se agriaron. Hasta ese momento cada cual había tomado sobre sí la parte que le correspondía en la miseria de sus hijos; pero la desesperanza de redención ante las cuatro bestias que habían nacido de ellos echó afuera esa imperiosa necesidad de culpar a los otros, que es patrimonio específico de los corazones inferiores.
Iniciáronse con el cambio de pronombre: tus hijos. Y como a más del insulto había la insidia, la atmósfera se cargaba.
—Me parece —díjole una noche Mazzini, que acababa de entrar y se lavaba las manos—que podrías tener más limpios a los muchachos.
Berta continuó leyendo como si no hubiera oído.
—Es la primera vez —repuso al rato— que te veo inquietarte por el estado de tus hijos.
Mazzini volvió un poco la cara a ella con una sonrisa forzada:
—De nuestros hijos, ¿me parece?
—Bueno, de nuestros hijos. ¿Te gusta así? —alzó ella los ojos.
Esta vez Mazzini se expresó claramente:
—¿Creo que no vas a decir que yo tenga la culpa, no?
—¡Ah, no! —se sonrió Berta, muy pálida— ¡pero yo tampoco, supongo!... ¡No faltaba más!... —murmuró.
—¿Qué no faltaba más?
—¡Que si alguien tiene la culpa, no soy yo, entiéndelo bien! Eso es lo que te quería decir.
Su marido la miró un momento, con brutal deseo de insultarla.
—¡Dejemos! —articuló, secándose por fin las manos.
—Como quieras; pero si quieres decir...
—¡Berta!
—¡Como quieras!
Éste fue el primer choque y le sucedieron otros. Pero en las inevitables reconciliaciones, sus almas se unían con doble arrebato y locura por otro hijo.
Nació así una niña. Vivieron dos años con la angustia a flor de alma, esperando siempre otro desastre. Nada acaeció, sin embargo, y los padres pusieron en ella toda su complaciencia, que la pequeña llevaba a los más extremos límites del mimo y la mala crianza.
Si aún en los últimos tiempos Berta cuidaba siempre de sus hijos, al nacer Bertita olvidóse casi del todo de los otros. Su solo recuerdo la horrorizaba, como algo atroz que la hubieran obligado a cometer. A Mazzini, bien que en menor grado, pasábale lo mismo. No por eso la paz había llegado a sus almas. La menor indisposición de su hija echaba ahora afuera, con el terror de perderla, los rencores de su descendencia podrida. Habían acumulado hiel sobrado tiempo para que el vaso no quedara distendido, y al menor contacto el veneno se vertía afuera. Desde el primer disgusto emponzoñado habíanse perdido el respeto; y si hay algo a que el hombre se siente arrastrado con cruel fruición es, cuando ya se comenzó, a humillar del todo a una persona. Antes se contenían por la mutua falta de éxito; ahora que éste había llegado, cada cual, atribuyéndolo a sí mismo, sentía mayor la infamia de los cuatro engendros que el otro habíale forzado a crear.
Con estos sentimientos, no hubo ya para los cuatro hijos mayores afecto posible. La sirvienta los vestía, les daba de comer, los acostaba, con visible brutalidad. No los lavaban casi nunca. Pasaban todo el día sentados frente al cerco, abandonados de toda remota caricia. De este modo Bertita cumplió cuatro años, y esa noche, resultado de las golosinas que era a los padres absolutamente imposible negarle, la criatura tuvo algún escalofrío y fiebre. Y el temor a verla morir o quedar idiota, tornó a reabrir la eterna llaga.
Hacía tres horas que no hablaban, y el motivo fue, como casi siempre, los fuertes pasos de Mazzini.
—¡Mi Dios! ¿No puedes caminar más despacio? ¿Cuántas veces...?
—Bueno, es que me olvido; ¡se acabó! No lo hago a propósito.
Ella se sonrió, desdeñosa: —¡No, no te creo tanto!
—Ni yo jamás te hubiera creído tanto a ti... ¡tisiquilla!
—¡Qué! ¿Qué dijiste?...
—¡Nada!
—¡Sí, te oí algo! Mira: ¡no sé lo que dijiste; pero te juro que prefiero cualquier cosa a tener un padre como el que has tenido tú!
Mazzini se puso pálido.
—¡Al fin! —murmuró con los dientes apretados—. ¡Al fin, víbora, has dicho lo que querías!
—¡Sí, víbora, sí! Pero yo he tenido padres sanos, ¿oyes?, ¡sanos! ¡Mi padre no ha muerto de delirio! ¡Yo hubiera tenido hijos como los de todo el mundo! ¡Esos son hijos tuyos, los cuatro tuyos!
Mazzini explotó a su vez.
—¡Víbora tísica! ¡eso es lo que te dije, lo que te quiero decir! ¡Pregúntale, pregúntale al médico quién tiene la mayor culpa de la meningitis de tus hijos: mi padre o tu pulmón picado, víbora!
Continuaron cada vez con mayor violencia, hasta que un gemido de Bertita selló instantáneamente sus bocas. A la una de la mañana la ligera indigestión había desaparecido, y como pasa fatalmente con todos los matrimonios jóvenes que se han amado intensamente una vez siquiera, la reconciliación llegó, tanto más efusiva cuanto infames fueran los agravios.
Amaneció un espléndido día, y mientras Berta se levantaba escupió sangre. Las emociones y mala noche pasada tenían, sin duda, gran culpa. Mazzini la retuvo abrazada largo rato, y ella lloró desesperadamente, pero sin que ninguno se atreviera a decir una palabra.
A las diez decidieron salir, después de almorzar. Como apenas tenían tiempo, ordenaron a la sirvienta que matara una gallina.
El día radiante había arrancado a los idiotas de su banco. De modo que mientras la sirvienta degollaba en la cocina al animal, desangrándolo con parsimonia (Berta había aprendido de su madre este buen modo de conservar la frescura de la carne), creyó sentir algo como respiración tras ella. Volvióse, y vio a los cuatro idiotas, con los hombros pegados uno a otro, mirando estupefactos la operación... Rojo... rojo...
—¡Señora! Los niños están aquí, en la cocina.
Berta llegó; no quería que jamás pisaran allí. ¡Y ni aun en esas horas de pleno perdón, olvido y felicidad reconquistada, podía evitarse esa horrible visión! Porque, naturalmente, cuando más intensos eran los raptos de amor a su marido e hija, más irritado era su humor con los monstruos.
—¡Que salgan, María! ¡Échelos! ¡Échelos, le digo!
Las cuatro pobres bestias, sacudidas, brutalmente empujadas, fueron a dar a su banco.
Después de almorzar salieron todos. La sirvienta fue a Buenos Aires y el matrimonio a pasear por las quintas. Al bajar el sol volvieron; pero Berta quiso saludar un momento a sus vecinas de enfrente. Su hija escapóse enseguida a casa.
Entretanto los idiotas no se habían movido en todo el día de su banco. El sol había traspuesto ya el cerco, comenzaba a hundirse, y ellos continuaban mirando los ladrillos, más inertes que nunca.
De pronto algo se interpuso entre su mirada y el cerco. Su hermana, cansada de cinco horas paternales, quería observar por su cuenta. Detenida al pie del cerco, miraba pensativa la cresta. Quería trepar, eso no ofrecía duda. Al fin decidióse por una silla desfondada, pero aun no alcanzaba. Recurrió entonces a un cajón de kerosene, y su instinto topográfico hízole colocar vertical el mueble, con lo cual triunfó.
Los cuatro idiotas, la mirada indiferente, vieron cómo su hermana lograba pacientemente dominar el equilibrio, y cómo en puntas de pie apoyaba la garganta sobre la cresta del cerco, entre sus manos tirantes. Viéronla mirar a todos lados, y buscar apoyo con el pie para alzarse más.
Pero la mirada de los idiotas se había animado; una misma luz insistente estaba fija en sus pupilas. No apartaban los ojos de su hermana mientras creciente sensación de gula bestial iba cambiando cada línea de sus rostros. Lentamente avanzaron hacia el cerco. La pequeña, que habiendo logrado calzar el pie iba ya a montar a horcajadas y a caerse del otro lado, seguramente sintióse cogida de la pierna. Debajo de ella, los ocho ojos clavados en los suyos le dieron miedo.
—¡Soltáme! ¡Déjame! —gritó sacudiendo la pierna. Pero fue atraída.
—¡Mamá! ¡Ay, mamá! ¡Mamá, papá! —lloró imperiosamente. Trató aún de sujetarse del borde, pero sintióse arrancada y cayó.
—Mamá, ¡ay! Ma. . . —No pudo gritar más. Uno de ellos le apretó el cuello, apartando los bucles como si fueran plumas, y los otros la arrastraron de una sola pierna hasta la cocina, donde esa mañana se había desangrado a la gallina, bien sujeta, arrancándole la vida segundo por segundo.
Mazzini, en la casa de enfrente, creyó oír la voz de su hija.
—Me parece que te llama—le dijo a Berta.
Prestaron oído, inquietos, pero no oyeron más. Con todo, un momento después se despidieron, y mientras Berta iba dejar su sombrero, Mazzini avanzó en el patio.
—¡Bertita!
Nadie respondió.
—¡Bertita! —alzó más la voz, ya alterada.
Y el silencio fue tan fúnebre para su corazón siempre aterrado, que la espalda se le heló de horrible presentimiento.
—¡Mi hija, mi hija! —corrió ya desesperado hacia el fondo. Pero al pasar frente a la cocina vio en el piso un mar de sangre. Empujó violentamente la puerta entornada, y lanzó un grito de horror.
Berta, que ya se había lanzado corriendo a su vez al oír el angustioso llamado del padre, oyó el grito y respondió con otro. Pero al precipitarse en la cocina, Mazzini, lívido como la muerte, se interpuso, conteniéndola:
—¡No entres! ¡No entres!
Berta alcanzó a ver el piso inundado de sangre. Sólo pudo echar sus brazos sobre la cabeza y hundirse a lo largo de él con un ronco suspiro.




ALMOHADÓN DE PLUMAS

Esto partió como una historia de amor como cualquier otra. Pero había un "Problema". Alicia empezó a adelgazar, enfermó y no se reponía nunca. Al fin un día, con la ayuda de su esposo Jordán, logro levantarse por última vez. Al día siguiente el médico de Jordán no se explicaba la debilidad de Alicia. Se constató una anemia de marcha agudísima.







Fue pasando el tiempo, los días, y Alicia estaba cada vez peor y peor. Alicia
fue extinguiéndose en su delirio de anemia. Su enfermedad no avanzaba de día, pero cada mañana aparecía lívida. Parecía ser que su vida se arrancaba por las noches. Hasta que una día Alicia murió. La sirvienta, que entró después a deshacer la cama se dio cuenta de que había manchas en el almohadón de plumas y llamo a Jordán



La sirvienta le dijo que parecían picaduras, y Jordán le pidió que levantara el almohadón a la luz.
Ella lo levantó, pero lo soltó enseguida. Replicó que era muy pesado. Al levantarlo él, se constato de su extraordinario peso. Se lo llevaron al comedor, y ahí, Jordán lo abrió cortando funda y envoltura de un tajo. Volaron plumas, y se escuchó el grito de terror de la sirvienta con toda la boca abierta. En el fondo del almohadón, se encontraba un animal monstruoso. Noche tras noche, este parásito había chupado la sangre de Alicia aplicando su trompa a las sienes de Alicia. En tan solo cinco días, y cinco noches, había vaciado totalmente el cuerpo de la pobre mujer. Estos parásitos de las aves, llegan a adquirir en ciertas condiciones proporciones gigantes. La sangre humana les apetece, y no es raro encontrarlos en los almohadones de pluma.   

HORACIO QUIROGA
ESTUDIANTES DE ITP sabatino semestre 2-3


Horacio Quiroga  nació en El Salto Uruguay  fue influenciado por Kippling, Maupassant, Edgar Allan Poe, Dostoiewsky y Balzac. De Kippling tomo la sensibilidad para inspirarse el temas de la selva.


Los temas frecuentes en su cuentistica fueron la muerte, el horror, la crueldad, la selva  ademas  es  importante  saber que  el amor  fue  un tema frecuente  en sus primeras obras. Finalmente  sus  obras estaban ambientadas en la  ciudad y la selva.


Lírica Prehispánica


es  aquella existente en el continente americano antes de la llegada de los españoles.


Existen dos  tipos  la Nahualt y la Quechua. La primera  tiene  cuatro características  que  son:
Paralelismo
Diafrasismo
Estribillo
Palabras Broche.


PARALELISMO: consiste en armonizar la expresión de un mismo pensamiento en dos frases que, repiten la misma idea con palabras distintas o contraponen dos pensamientos
El poeta nahualt  usa  símbolos  como  las mariposas, las flores, el oro las turquesas y las esmeraldas.


Para  estos poetas  la  poesía no nacía  en su interior  sino  que  venia de mas  allá de donde vienen los niños  y a donde van  los  muertos.


 Lírica Quechua 


Pertenece a la cultura Inca  y  tiene  varios géneros  que son 


Wawaki
Taki 
Ayataqui
Huacataqui
Jailli
Wayñu 
Aranguay
Ghashua
Wanka
Urpis 
Arawi- Harawi 





TAKI  composición lirica de temas variados

JAILLI  es una composición poética, con carácter de himno, sobre temas heroicos, religiosos y agrícolas.

sábado, 23 de junio de 2012




El teatro (del griego θέατρον theatrón 'lugar para contemplar') es la rama del arte escénico relacionada con la actuación, que representa historias frente a una audiencia usando una combinación de discurso, gestos, escenografía, música, sonido y espectáculo. Es también el género literario que comprende las obras concebidas para un escenario, ante un público
Elementos del teatro
Los elementos básicos y fundamentales que conformas el teatro son: 


•El Texto (dialogo) 

•Actor 

•Público 

TEXTO: 

El texto es la obra, el valioso aporte de la literatura al complejo hecho teatral. La obra de teatro se describe para ser representada, para que unos personajes creados por un dramaturgo sean interpretados por los actores. Además el texto proporciona las palabras que los personajes dicen y señala los lugares donde actúan 


El texto mayormente reconocido como el libreto, debe ser bastante claro, con un mensaje de carácter importante para el espectador, no confuso el cual abarque demasiados temas. 

En algunos casos el texto menciona acotaciones que indican lo que el autor nos aconseja para el montaje y pueden variar de acuerdo a este. Hay acotaciones de fugar, de luces, de vestuario, de movimiento, de actuación y otros. A veces los mismos actores anotan en el texto acotaciones para el mejor desarrollo de su actuación. 
Estructura de la obra dentro del texto
Actos Corresponde a cada una de las partes principales en las cuales se puede dividir una obra dramática.

Escena: corresponde a cada una de las partes en que se divide el acto de la obra dramática, y en que están presentes unos mismos personajes. Si trazamos un paralelo con el cine, es aquella parte de la película en la que un personaje puede trasladarse de un lugar u otro sin que se pierda la continuidad de los acontecimientos.

Cuadro : corresponde a cada una de las partes breves en las cuales se dividen los actos de algunas obras dramáticas modernas. Si recurrimos a la comparación con el cine nuevamente, se pueden considerar como las partes mínimas de una escena, que implican un mismo lugar, un mismo personaje y/o un mismo acontecimiento

ACTOR: 

El actor es aquel que interpreta un personaje a través del texto, constituye uno de los elementos esenciales en el teatro, y sin duda el más característico. Ellos dan 
Vida a los personajes que se encuentran contenidos en el texto. 

Los actores deben tener mucha sensibilidad, buena voz, mejor memoria y una correcta dicción. Aparte de estas cualidades, el buen actor necesita tener presente dos circunstancias relacionadas con su trabajo

•Los actores casi nunca se limitan a simple interpretación de los papeles de una obra, sino que realizan versiones muy personales, sobre todo cuando se trata de obras cuyo argumento no corresponde a nuestro tiempo

•El actor no puede olvidar  que su actuación debe estar en armonía con las de sus compañeros de escena. 

Dentro de este elemento existe otro que es muy importante El Director de teatro, que así como una orquesta sinfónica requiere un conductor que adapte la partitura y coordine la interpretación de todos los músicos, así también  los actores necesitan un director que supervise sus movimientos, gestos y expresiones orales. 

Aún cuando el director de teatro es de aparición reciente, su participación se ha hecho tan importante que actualmente resultaría excepcional la representación de una obra sin un director, que dé énfasis a tales y cuales rasgos, apruebe los decorados y el vestuario, elija y ensaye los intérpretes 

PUBLICO:

Es el público el que va a tener la apreciación final de la obra de teatro que se esté realizando, por el cual ellos entran en un ambiente de acción, suspenso encanto o cualquier otro. 

teatro Epidauro 
El termino teatro también es utilizado para  referirse a las construcciones  en donde se aprecia o presenta la obra teatral. El más  importante de la antigüedad por su armonía fue  El teatro de Epidauro  edificado en el siglo IV A.C  que contaba con aproximadamente  55 graderías

jueves, 24 de mayo de 2012


SEMESTRE 9-10


NIVEL DEL DISCURSO
PERSPECTIVA DEL NARRADOR
El narrador es un personaje creado por el autor que tiene la misión de contar la historia. Hay diferentes tipos de narrador según la información de que dispone para contar la historia y del punto de vista que adopta.
Tipos de narrador:
DE 3ª PERSONA 
NARRADOR OMNISCIENTTE (que todo lo sabe). El narrador omnisciente es aquel cuyo conocimiento de los hechos es total y absoluto. Sabe lo que piensan y sienten los personajes: sus sentimientos, sensaciones, intenciones, planes…
NARRADOR TESTIGO. Sólo cuenta lo que puede observar. El narrador muestra lo que ve, de modo parecido a como lo hace una cámara de cine.
DE 1 ª PERSONA
NARRADOR PROTAGONISTA. El narrador es también el protagonista de la historia (autobiografía real o ficticia).

Son aquellos que se utilizan con el propósito de darle diversidad expresiva al lenguaje que empleamos, entre ellos tenemos: símil comparación, exageración o hipérbole, humanización, onomatopeya y metáfora, entre otros
Se emplea para establecer relaciones entre términos semejantes

Metáfora

Se emplea para hacer comparaciones abreviadas, las cuales no tienen mucho enlace. Le otorgan belleza al vocabulario.
Se parece al símil o comparación, ya que consiste en comparar dos elementos, en este caso, uno real y otro figurado, pero no existen nexos que unan los elementos comparados

Exageración o Hipérbole

Es un recurso expresivo que se emplea para destacar las cualidades de un ser o sus defectos, deformando sus características

Humanización

Se emplea para darle a los animales o cosas cualidades que son propias de los seres humanos

Onomatopeya

Son aquellas palabras que se utilizan con el propósito de imitar los sonidos de los animales


Imágenes sensoriales
Las imágenes son expresiones que transmiten sensaciones que pueden ser recibidas a través de los sentidos:
w Visuales: referidas a la vista.  ( CINÉTICAS, CROMÁTICAS , FORMA Y TAMAÑO)

w Auditivas: referidas al oído.

w Táctiles: referidas al tacto.

w Gustativas: referidas al gusto.

w Olfativas: referidas al olfato.

La combinación de dos imágenes sensoriales de diferente tipo se denomina sinestesia.


CAPÍTULO PRIMERO
Que trata de la condición y ejercicio del famoso y valiente hidalgoI don Quijote de la Mancha1

En un lugar de la Mancha2, de cuyo nombre no quiero acordarme3, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor4. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches5, duelos y quebrantos los sábados6, lantejas los viernes7, algún palomino de añadidura los domingos8, consumían las tres partes de su hacienda9. El resto della concluían sayo de velarte10, calzas de velludo para las fiestas, con sus pantuflos de lo mesmo11, y los días de entresemana se honraba con su vellorí de lo más fino12. Tenía en su casa una ama que pasaba de los cuarenta y una sobrina que no llegaba a los veinte, y un mozo de campo y plaza que así ensillaba el rocín como tomaba la podadera13. Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años14. Era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro15, gran madrugador y amigo de la caza. Quieren decir que tenía el sobrenombre de «Quijada», o «Quesada», que en esto hay alguna diferencia en los autores que deste caso escriben, aunque por conjeturas verisímilesIIse deja entender que se llamaba «Quijana»III16. Pero esto importa poco a nuestro cuento: basta que en la narración dél no se salga un punto de la verdad.
Es, pues, de saber que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso —que eran los más del año—, se daba a leer libros de caballerías, con tanta afición y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza y aun la administración de su hacienda; y llegó a tanto su curiosidad y desatino en esto17, que vendió muchas hanegas de tierra de sembradura para comprar libros de caballerías en queIV leer18, y, así, llevó a su casa todos cuantos pudo haber dellos; y, de todos, ningunos le parecían tan bienV como los que compuso el famoso Feliciano de Silva19, porque la claridad de su prosa y aquellas entricadas razones suyas le parecían de perlas, y más cuando llegaba a leer aquellos requiebros y cartas de desafíos20, donde en muchas partes hallaba escrito: «La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura»21. Y también cuando leía: «Los altos cielos que de vuestra divinidad divinamente con las estrellas os fortifican y os hacen merecedora del merecimiento que merece la vuestra grandeza...»22
Con estas razones perdía el pobre caballero el juicio, y desvelábase por entenderlas y desentrañarles el sentido, que no se lo sacara ni las entendiera el mesmo Aristóteles, si resucitara para solo ello. No estaba muy bien con las heridas que don Belianís daba y recebía, porque se imaginaba que, por grandes maestros que le hubiesen curado, no dejaría de tener el rostro y todo el cuerpo lleno de cicatrices y señales23. Pero, con todo, alababa en su autor aquel acabar su libro con la promesa de aquella inacabable aventura, y muchas veces le vino deseo de tomar la pluma y dalle fin al pie de la letra como allí se promete24; y sin duda alguna lo hiciera, y aun saliera con ello25, si otros mayores y continuos pensamientos no se lo estorbaran. Tuvo muchas veces competencia con el cura de su lugar —que era hombre docto, graduado en Cigüenza—26 sobre cuál había sido mejor caballero: Palmerín de Ingalaterra o Amadís de Gaula27; mas maese Nicolás, barbero del mesmo pueblo28, decía que ninguno llegaba al Caballero del Febo, y que si alguno se le podía comparar era don Galaor, hermano de Amadís de Gaula, porque tenía muy acomodada condición para todo, que no era caballero melindroso, ni tan llorón como su hermano, y que en lo de la valentía no le iba en zaga29.
En resolución, él se enfrascó tanto en su letura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro30, y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el celebro de manera que vino a perder el juicio31. Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamentos como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles; y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas soñadas invencionesVI que leía32, que para él no había otra historia más cierta en el mundo33. Decía él que el Cid Ruy Díaz había sido muy buen caballero, pero que no tenía que ver con el Caballero de la Ardiente Espada, que de solo un revés había partido por medio dos fieros y descomunales gigantes34. Mejor estaba con Bernardo del Carpio, porque en Roncesvalles había muerto a Roldán, el encantado35, valiéndose de la industria de Hércules, cuando ahogó a AnteoVII, el hijo de la Tierra, entre los brazos36. Decía mucho bien del gigante Morgante, porque, con ser de aquella generación gigantea, que todos son soberbios y descomedidos, él solo era afable y bien criado37. Pero, sobre todos, estaba bien con Reinaldos de Montalbán, y más cuando le veía salir de su castillo y robar cuantos topaba, y cuando en allende robó aquel ídolo de Mahoma que era todo de oro, según dice su historia38. Diera él, por dar una mano de coces al traidor de Galalón39, al ama que tenía, y aun a su sobrina de añadidura

En efeto, rematado ya su juicio40, vino a dar en el más estraño pensamiento que jamás dio loco en el mundo41, y fue que le pareció convenible y necesario, así para el aumento de su honra como para el servicio de su república42, hacerse caballero andante y irse por todo el mundo con sus armas y caballo a buscar las aventuras y a ejercitarse en todo aquello que él había leído que los caballeros andantes se ejercitaban, deshaciendo todo género de agravio y poniéndose en ocasiones y peligros donde, acabándolos43, cobrase eterno nombre y fama. Imaginábase el pobre ya coronado por el valor de su brazo, por lo menos del imperio de Trapisonda44; y así, con estos tan agradables pensamientos, llevado del estraño gusto que en ellos sentía45, se dio priesa a poner en efeto lo que deseaba. Y lo primero  que hizo fue limpiar unas armas que habían sido de sus bisabuelos, que, tomadas de orín y llenasVIII de moho, luengos siglos había que estaban puestas y olvidadas en un rincón. Limpiólas y aderezólas lo mejor que pudo; pero vio que tenían una gran falta, y era que no tenían celada de encaje, sino morrión simple46; mas a esto suplió su industria47, porque de cartones hizo un modo de media celada que, encajada con el morrión, hacíanIX una apariencia de celada entera48. Es verdad que, para probar si era fuerte y podía estar al riesgo de una cuchillada49, sacó su espada50 y le dio dos golpes51, y con el primero y en un punto deshizo lo que había hecho en una semana; y no dejó de parecerle mal la facilidad con que la había hecho pedazos, y, por asegurarse deste peligro52, la tornó a hacer de nuevo, poniéndole unas barras de hierro por de dentro, de tal manera, que él quedó satisfecho de su fortaleza y, sin querer hacer nueva experiencia della, la diputó y tuvo por celada finísima de encaje.
Fue luego a ver su rocínX, y aunque tenía más cuartos que un real53 y más tachas que el caballo de Gonela, que «tantum pellis et ossa fuit»54, le pareció que ni el Bucéfalo de Alejandro ni Babieca el del Cid con él se igualaban. Cuatro días se le pasaron en imaginar qué nombre le pondría55; porque —según se decía él a sí mesmo— no era razón que caballo de caballero tan famoso, y tan bueno él por sí, estuviese sin nombre conocido56; y ansí procuraba acomodársele, de manera que declarase quién había sido antes que fuese de caballero andante y lo que era entonces; pues estaba muy puesto en razón que, mudando su señor estado, mudase él también el nombre, y le cobraseXI famoso y de estruendo, como convenía a la nueva orden y al nuevo ejercicioXII que ya profesaba57; y así, después de muchos nombres que formó, borró y quitó, añadió, deshizo y tornó a hacer en su memoria e imaginación58, al fin le vino a llamar «Rocinante», nombre, a su parecer, alto, sonoro y significativo de lo que había sido cuando fue rocín, antes de lo que ahora era, que era antes y primero de todos los rocines del mundo59.
Puesto nombre, y tan a su gusto, a su caballo, quiso ponérsele a sí mismo, y en este pensamiento duró otros ocho días, y al cabo se vino a llamar «don Quijote»60; de donde, como queda dichoXIII, tomaron ocasión los autores desta tan verdadera historia que sin duda se debía de llamar «Quijada» , y no «Quesada», como otros quisieron decir61. Pero acordándose que el valeroso Amadís no sólo se había contentado con llamarse «Amadís» a secas62, sino que añadió el nombre de su reino y patria, por hacerla famosaXIV, y se llamó «Amadís de Gaula»63, así quiso, como buen caballero, añadir al suyo el nombre de la suya y llamarse «don Quijote de la Mancha», con que a su parecer declaraba muy al vivo su linaje y patria, y la honraba con tomar el sobrenombre della.
Limpias, pues, sus armas, hecho del morrión celada, puesto nombre a su rocín y confirmándose a sí mismoXV 64, se dio a entender65 que no le faltaba otra cosa sino buscar una dama de quien enamorarse, porque el caballero andante sin amores era árbol sin hojas y sin fruto y cuerpo sin alma66. Decíase él:
—Si yoXVI, por malos de mis pecados67, o por mi buena suerte, me encuentro por ahí con algún gigante, como de ordinario les acontece a los caballeros andantes, y le derribo de un encuentro68, o le parto por mitad del cuerpo, o, finalmente69, le venzo y le rindo, ¿no será bien tener a quien enviarle presentado70, y que entre y se hinque de rodillas ante mi dulce señora71, y diga con voz humilde y rendida:XVII «Yo, señoraXVIII, soy el gigante Caraculiambro, señor de la ínsula Malindrania72, a quien venció en singular batalla73 el jamás como se debe alabado caballero don Quijote de la Mancha, el cual me mandó que me presentase ante la vuestra mercedXIX, para que la vuestra grandeza disponga de mí a su talante»?74
¡Oh, cómo se holgó nuestro buen caballero cuando hubo hecho este discurso, y más cuando halló a quien dar nombre de su dama! Y fue, a lo que se cree, que en un lugar cerca del suyo había una moza labradora de muy buen parecer, de quien él un tiempo anduvo enamorado, aunque, según se entiende, ella jamás lo supo ni le dio cataXX dello75. Llamábase Aldonza Lorenzo, y a esta le pareció ser bien darle título de señora de sus pensamientos; y, buscándole nombre que no desdijese mucho del suyo y que tirase y se encaminase al de princesa y gran señora, vino a llamarla «Dulcinea del Toboso» porque era natural del Toboso: nombre, a su parecer, músico y peregrino y significativo, como todos los demás que a él y a sus cosas había puesto76.

Una vez realizada la lectura  responda:



I.                    Lugar donde vive el héroe ( 2 puntos)

II.                  Descripción del héroe en cuanto a:( 6 puntos )

·         Aspecto físico
·         Posición económica social
·         Costumbres

III.                Origen y efecto de su locura en relación a:( 6 puntos )

·         Obras que lee
·         Profesión que toma
·         Armas que utiliza
N   Nombres que  asigna a las personas, animales  y a sí mismo, en la aventura que inicia

IV . Realiza   la siguiente sopa de letras (6 puntos)


D
O
N
Q
U
I
J
O
T
E
M
S
I
S
T
E
M
A
D
E
A
O
U
A
V
I
R
H
R
E
N
U
R
R
L
N
I
C
A
R
C
O
M
R
S
D
I
C
T
U
H
A
D
A
I
U
O
G
R
H
A
E
R
U
N
O
L
N
S
E
I
O
H
A
L
I
N
A
Z
I
N
D
X
P
B
C
D
A
G
A
R
E
A
N
I
A
I
A
L
U
L
C
R
L
O
N
O
N
D
A
I
O
S
E
G
V
T
B
E
Z
B
C
R
O
A
O
E
U
I
A
O
A
A
E
R
L
R
L
F
N
U
R
N
R
N
O
K
L
A
A
O
I
R
T
A
Z
M
O
D
E
R
N
A
I
O
N
O
B
N
O
C
I
P
L
A
S

1.DON QUIJOTE
MANCHA
2.ALDOZA LORENZO ( verdadero nombre de 3Dulcinea)
4.HIDALGO
5.SANCHO PANZA
6.DULCINEA
7.SALPICON (guiso de carne)
8. MORRIÓN (pieza de la armadura)
9.NOVELA
10.MODERNA